La Argentina y el mundo se encontraban en momento de definición al momento de cerrar esta 24ª. edición de la Revista Hegemonía. Justo al escribir esta editorial, el ministro de Economía Martín Guzmán se presentaba frente al Congreso para decir que el Fondo Monetario Internacional y los bonistas también son responsables de la crisis de la deuda por la que atraviesa nuestro país y en la que probablemente se defina buena parte de del destino de la Argentina en el mediano y en el largo plazo. Si bien no está muy difundida la conciencia del hecho, la realidad es que en esta pugna y en este embrollo de una deuda que no puede pagarse en los actuales términos y condiciones —y difícilmente pueda pagarse de cualquier otra forma que no sea con una quita monumental de capital e intereses— se decide el futuro de los que hoy somos unos 44 millones de argentinos. De fracasar las negociaciones y aplicarse como consecuencia los castigos previstos en el contrato firmado por el desgobierno de Mauricio Macri, la Argentina podría ser arrojada a una espiral descendente de la que solo saldría después de muchos años y con un sacrificio colosal. La inconsciencia de lo que está pasando realmente en la Argentina de hoy es esa inconsciencia, la de qué pasaría si el gobierno de Alberto Fernández fracasara en aquello que es su tarea principal y casi única: sacar al país del berenjenal en el que Mauricio Macri nos metió al endeudarnos de una forma que no tiene precedentes históricos.

Por otra parte, en el mundo pasan cosas que nos hacen sospechar de que estamos en la antesala de un proceso revolucionario que reordenará la sociedad a escala global. Las palabras son rimbombantes, altisonantes, pero aun así no son lo suficientemente elocuentes para describir la actual coyuntura política a nivel mundial. Mientras los medios distraen a la opinión pública con epidemias y “guerras comerciales” que no son tal, se lleva a cabo una disputa a muerte por la conducción del sistema capitalista como un todo. Lo que no vemos porque no nos lo muestran los que en teoría tendrían que mostrarlo es que no existe ninguna “guerra comercial” ordinaria entre Estados Unidos y China, sino que allí se está dirimiendo quién va a tener la manija para definir las reglas del juego de aquí en más.

Y eso no es moco de pavo. En su paso por Cuba y con el pretexto de presentar en la Feria del Libro de La Habana su libro, Cristina Fernández advirtió esa situación límite y corrió el velo de la distracción mediática poniéndole a las cosas sus debidos nombres. La vicepresidenta y conductora política del peronismo dejó en evidencia que entre yanquis, chinos, rusos y algunos protagonistas más, divididos en dos bandos, tiene lugar una lucha encarnizada por la conducción del sistema capitalista a nivel mundial. Y no debemos confundirnos: esa conducción no es el fin, sino el medio. La conducción del sistema es el instrumento para reordenar el mundo en el marco de lo que hace pocos años se dio en llamar la cuarta revolución industrial. En una síntesis muy apretada, puede decirse que una tecnología nueva quiere desarrollarse plenamente y ese pleno desarrollo va a resultar en la destrucción del concepto que hoy tenemos de trabajo, además de destruir todo el actual orden mundial. Los poderosos del mundo están luchando, por lo tanto, por ver quién va a tener la conducción de esa destrucción creativa para desde allí determinar la orientación de lo nuevo. La lucha no es por aranceles y tarifas de exportación e importación, ese es el síntoma. La lucha es una revolución en la que las dos facciones revolucionarias tratan de imponerse una a la otra para imponer asimismo su idea de lo que debe ser después de la guerra.

No se quedará el atento lector, por cierto, con apretadas síntesis mal expresadas en la editorial de una revista: querrá profundizar, querrá saber de qué se trata. Es por eso que esta 24ª. edición de la Revista Hegemonía viene con un récord absoluto de páginas y cantidad de contenido, para dar cuenta de la profundidad del problema a nivel local y a nivel mundial: en esta edición, además de un artículo dedicado al análisis de cómo Cristina Fernández y el Papa Francisco unen fuerzas para afrontar los desafíos del momento, sale la cuarta entrega de Sociología del estaño para la construcción del nacionalismo popular, enteramente dedicada a la cuestión de la lucha por la conducción del capitalismo global expuesta por Cristina en Cuba, pero poniendo de manifiesto las razones por las que esa lucha tiene lugar, además de esbozar la alternativa que tenemos los pueblos frente a esta tremenda reconfiguración del mundo que ocurre hoy frente a nuestros ojos, de la que somos testigos.

He ahí la diferencia entre esta Revista Hegemonía y todos los demás medios de información, análisis y opinión. Aquí no consideramos digno el análisis de lo visible ni la discusión interminable sobre la agenda de los medios de difusión dominantes. Aquí buscamos ver siempre un poco más allá, leer entre líneas e historizar para acercarnos asintóticamente a la inalcanzable verdad. Inalcanzable, sí, e inexistente de un modo filosófico, pero siempre utópica en el sentido que le daba Eduardo Galeano a la utopía, que es el sentido de aquello que sirve para caminar.

Caminemos, el atento lector con nosotros, en esta apasionante aventura de ser un poco menos ignorantes todos los días. Llegaremos a tiempo.