Todos sabemos lo que pasa en Corea del Norte: Kim Jong Un es un loco dictador y tirano, que pretende conquistar el mundo e implementar el comunismo en todas partes. También sabemos que obligó a los pobres norcoreanos a imitar su estilo de corte de pelo, ya que todos los tiranos son además narcisistas con un profundo complejo de inferioridad (como Hugo Chávez y Fidel Castro, entre otros) y que hay unos 5.000 campos de concentración en todo el país, donde se cometen atrocidades únicamente comparables a las de Hitler. Todo esto lo sabemos a ciencia cierta, pues fuimos informados de ello por las cadenas de noticias CNN, Fox News, a través de todos sus repetidores a nivel local (Clarín, La Nación y afines) y mirando los documentales de History Channel. El hecho de que Corea del Norte esté enfrentado a Occidente y de que esos medios que nos informan sean occidentales no es motivo para que dudemos de la veracidad de la información que brindan. Como sabemos bien, el periodismo es independiente y reproduce los hechos duros, sin mediar en la interpretación.

El anterior párrafo, pese a lo risible de la descripción, da cuenta de cuán livianos somos o podemos ser a la hora de opinar sobre realidades que apenas conocemos mediadas por un relato que es absolutamente ajeno a esas realidades. Solemos repetir esas gansadas de modo más o menos irreflexivo, sin preguntarnos de dónde las hemos sacado. ¿Quién de nosotros ha viajado a Corea del Norte últimamente? ¿Quién entiende coreano como para saber qué dicen o escriben los coreanos sobre sí mismos? ¿Cuántos medios de comunicación no occidentales consumimos para equilibrar el relato?

He aquí lo que realmente sabemos de Corea del Norte: casi nada. Sabemos que es un pequeño país socialista de Asia oriental que rechazó la tutela de la URSS. y luego la de China; sabemos, además, que no pudo ser invadido por los Estados Unidos porque posee una cantidad determinada de armas nucleares, lo cual reafirma aquello de que la única garantía de soberanía en el mundo actual, en última instancia, es poseer dichas armas nucleares. Y no sabemos nada más, salvo, de nuevo, aquello que nos relatan los medios occidentales.

Corea del Norte es un botón de muestra de la ideología general de esta página, que es la siguiente: cortar con el relato del opresor. La “Campaña del Desierto” se llevó a cabo en una región de Argentina que estaba poblada por distintas comunidades de originarios americanos y no era, por lo tanto, ningún desierto, pero que nos fue “vendida” de esa manera pues justificaba el genocidio de pueblos originarios que tuvo lugar durante esa campaña. El relato del opresor justifica y consagra la opresión.

Lo que realmente pasa en Corea del Norte es que tienen la firme resolución de poner en práctica aquel pensamiento de Emiliano Zapata: “Es mejor morir de pie que vivir de rodillas”. El imperialismo podrá entrar allí, pero a un costo mucho más alto que el que pagó en Vietnam y únicamente si logra asesinar a los 25 de millones de norcoreanos. De otro modo no pasarán.

En conclusión: antes de opinar sobre países como Corea del Norte, Rusia, China, Irán, Siria y otros tan desconocidos como lejanos, tratemos de informarnos más allá del relato clásico que ofrece el Occidente cristiano e imperialista a través de sus medios masivos. Tratemos de escuchar otras voces, las voces de los sujetos sobre los cuales se está predicando. Y si no queremos tomarnos el trabajo de escuchar esas voces, intentemos por lo menos no repetir el discurso del dominador, no vaya a ser cosa que el día mañana prediquen sobre nosotros para volver a colonizarnos.